jueves, 17 de abril de 2008

Amigos imaginarios

Me gustan los amigos imaginarios. Mi hija tiene una colección de pelotas locas, esas pequeñas que dan botes impredecibles. Las sacamos de una máquina que hay en la puerta de un bar o de una papelería a 0´50 céntimos. Echas la moneda y cae girando por un túnel en espiral. Si sale una que no tiene, se pone muy contenta. Andrea también tiene un museo en casa. Le gusta pintar. Acuarela y tinta china. Colgamos los cuadros en unos hilos de nylon con pinzas pequeñas de colores que hay en una pared del salón. A veces vamos a museos, pero esos señores a caballo, vestidos de militares del siglo XVIII, no le hacen mucha gracia. También tiene miedos. Creo que también los colecciona. Aunque no echa monedas en ninguna máquina, los saca de su enfermedad, del hospital, de los médicos, nefrólogos y urólogos, de las sondas que le recuerdan cada cuatro horas que el miedo existe. Tiene suerte, vive en dos casas con dos cuartos para ella sola. Muy diferentes. Por cada una de ellas pasean emociones, dolores y también amores distintos. A veces se lleva cosas suyas de una casa a otra. Hay una cosa que siempre va con ella. Su amigo imaginario. Se llama Pequeño, porque es más pequeño que ella. Juega con él, le habla, y si a Andrea se le cae algo al suelo dice que ha sido Pequeño, que se porta muy mal y que además es un pequeño. Yo he adoptado al amigo imaginario de mi hija. Me gustaría que se llevaran bien y que fueran amigos durante muchos años. Me gustaría que siguieran sacando pelotas locas de esas máquinas, que llenaran la casa de pinturas y dibujos, que vivieran juntos los miedos y que pasearan por las dos casas los dolores, emociones y amores. Para eso están los amigos, ¿no?

1 comentario:

La Rodriguez dijo...

Los amigos imaginarios son increíbles, como nosotr@s queramos. Siempre quise que mi hijo tuviese uno, pero sólo le gustan los personajes de series japonesas. Ellos no son demasiado pacíficos y más que divertirle, sin querer, le traen miedos.
Yo tengo una amiga imagnaria, cada vez más real y cada vezmás amiga, gracias a no haber visto violencia en TV pero, sobretodo, gracias a haber crecido. Parece mentira, eh? Mi mejor amiga es imaginaria. Mi mejor amga soy yo.
Eso es lo que pretendo que aprenda mi hijo, qe su mejor amigo está en él.