martes, 27 de abril de 2010

Gracias


Suelo dar las gracias cuando me devuelven el cambio en el Mercadona, cuando me ponen el café y los churros por las mañanas, cuando un vecino me deja pasar en el ascensor o cuando mi profe de diseño gráfico me explica algo. Hoy quiero dar las GRACIAS, que no es lo mismo que dar las gracias. GRACIAS a Antón Castro por presentar mi último libro, por hacerlo de esta manera...

Sobre ‘El monstruo del lago Soledad’. José Orna. Latas de Cartón. Zaragoza, 2010.

Hay libros que adquieren un carácter especial de inmediato. Porque son amorosos, artesanales, inquietantes, porque proponen una historia compleja y matizada, porque están destinados a convertirse en un objeto, cálido, sugerente, como un tesoro de letras, como un laberinto de tinta china. O como una película de cine de animación en blanco y negro. Es el caso de ‘El monstruo del lago Soledad’, cuyo título ya resulta muy evocador: pensamos en el lago Ness o en los lagos aragoneses de Mediano o Barasona, pensamos en ese monstruo de varias cabezas que asoma desde el fondo para arrojar el espanto sobre el mundo. Es como si se despertase una fiera en el corazón de la tierra, en el manantial secreto de las todas las fuentes y los ríos.

Hay otra palabra que invita a la reflexión. Cargada de sentido. Sospechosa. La palabra Soledad. El lago Soledad. Todo está lleno de presagios, y en cuanto abrimos las páginas vemos cómo alguien se cae al vacío por un agujero que invita a pensar en Alicia en el País de las Maravillas y, ya puestos, en Indiana Jones. Vemos a alguien cuyo corazón ya no está en su sitio, alguien que se siente condenado para siempre (y se sugiere con los fusilamientos de Goya), alguien que se ha vuelto insomne, obsesivo, temeroso, alguien que “esté donde esté siempre lleva a sus monstruos dentro”.

José Orna sigue desvelando secretos y nos enfrenta al miedo, a la angustia, a los demonios interiores. Que son codiciosos, que asustan. Son los monstruos de nuestro propio dolor, de una desazón antigua que nos hace a todos ser extranjeros de nosotros mismos, como extraños que penden de la nada y el alambre. Solo esa dolencia, que se agiganta y que podría tornarse insoportable, se alivia con las emociones, con la cultura, con las palabras, con las imágenes, con las letras, letras con las que se pueden construir poemas, mensajes, pócimas de curación para el tormento del alma. El protagonista anda y desanda las páginas, con el desamor a cuestas. El protagonista vive en un poema que atraviesa el libro y va de su corazón a sus asuntos. Y va de espanto en espanto hasta que un día decide mirarse al espejo. En la vida nada es definitivo, salvo la muerte: la vida, con monstruos o no, siempre concede una segunda oportunidad. Y quizá por ello debamos aprender a vivir con el monstruo, como se vive con un lumbago, un dolor de muelas o con la ansiedad.

Hace unos días, José Orna me contestó a un correo con estas palabras: “Hablo del dolor, es verdad. Es casi como una bajada a los infiernos, un tránsito por él y una salida, pero con la sensación de haber quedado cicatriz y con la certeza de que se puede volver a caer”. Creo que con esta línea de intimidad y de confidencia, se explica este texto que nace de una demolición, de una derrota, de un estado de ánimo más bien vulnerable.

Para escenificar esta erupción de sentimientos encontrados, José Orna ha elegido un libro cuadrado, en blanco y negro, que ha hecho con cartulina recortada y luego fotografiada. El libro prolonga la atmósfera anunciada y abre un nuevo cauce: aquí hay homenajes a la pintura, a Buñuel y sus arañas, a Isidro Ferrer, a los dibujantes japoneses, a la escultura, a fotógrafos como Brassaï, hay un estudio de la disposición de la tipografía, hay un juego con las letras y sus tamaños, con la página en blanco, con el diálogo del positivo y del negativo, y hay una iconografía muy pensada, clásica y moderna, vinculada con el cine negro y con la apariencia de las cosas. Y por haber hasta hoy un homenaje más o menos explícito a su anterior libro: ‘Me gustan los abrazos’, que firmó con Rosa Blanca Miguel. Aquí el Orna feliz de entonces ha cambiado un poco y dice: “Me acuerdo de abrazos // que ni siquiera sé si existieron”.

El monstruo del lago Soledad quiere ser un libro desnudo, exento, sin otro adorno que lo esencial: muestra el tuétano, un desgarro, el torbellino de la soledad, que es aquí el vocablo que lo abarca todo, es el término síntesis. No hay más color que el hilo rojo del lomo que se muestra: es como un hilo de sangre. Dentro, en las páginas, están el llanto y la belleza, la rotundidad y el temor, la alegría y el sueño, el caracol del tiempo y la circunferencia, la hostilidad y el desamparo, el nadador y el árbol de estrellas, el ahogado y la noche y sus espectros, la pregunta sin respuesta y el diálogo de dos que se aman. Dentro está la multitud y lo inefable, y está la manufactura: el diseño, la invención, la mancha, la silueta, la página en blanco, la página en negro…

Dice José: “Suelo pasar un tiempo largo // cada vez que caigo al lago, // así que construyo mis refugios // en los que poder estar alejado // de los monstruos”.

Este libro, diseñado con un ritmo propio, también es un refugio. Y en el fondo, una forma de consuelo. Todo gran dolor puede mitigarse si se encierra en un cuento, como dijo desde África Isak Dinesen. En un cuento como éste. El monstruo del lago Soledad.

*Texto de la presentación el pasado lunes en la FNAC. Lo presentamos el autor y yo. Y hubo un clima especial de cariño. El acto contó con una exposición de lujo: todas las piezas que José Orna ha hecho para este trabajo.

Antón Castro.

http://www.youtube.com/watch?v=DkAeZmV9g1Y&feature=related



domingo, 18 de abril de 2010

Bombillas

Tenía un corazón-teatro. Un lugar en el que representar pequeñas funciones. Hace unos años una de las funciones no funcionó. La actriz principal se largo de gira con una gran compañía. Bueno no creo que sea una gran compañía, pero le prometieron que vería mundo, que viajaría, que le darían los mejores papeles, le prometieron grandes noches, noches de aplausos y flores. Y se largó. Punto. No hay nada más que decir ni reprochar, así funciona esto. Me quedé con deudas, facturas, algún embargo y un sin fin de impuestos que pagar. Tuve que cerrar mi teatro. Eché la persiana y a otra cosa, mariposa. Hace no demasiado me acerqué por el teatro para ver si había alguna carta del banco y levanté la persiana. Me costó hacerlo, le hacía falta un buen chorro de aceite a esa persiana con forma de corazón. ¿Para qué quiero yo ese teatro? fue lo primero que me pregunté cuando vi la oscuridad de la sala y los carteles de la última función tirados por el suelo. Así que puse un anuncio en el periódico: "Cambio teatro por casa en un árbol". Sí, casa en un árbol. Es lo que siempre he querido tener. Vivir en una pequeña casa de madera a cinco metros del suelo. Un tipo me llamó enseguida. Ahora tengo un corazón-casa en un árbol. Puse una escalera para que puedas subir, para que vengas a verme, para que te quedes a dormir. La casa no tiene persianas que bajar ni que subir. Tengo vecinos. No están fijos en el árbol. Durante el invierno se van a tierras más cálidas y vuelven por primavera. Por la mañana me despiertan pronto con sus cantos, pero no me importa, no molestan. Y por las noches, cuando te acercas por mi casa y oigo como subes la escalera de madera, para que no te caigas, te enciendo las bombillas de colores que no venden en Ikea. Tal vez un día, el árbol se seque o sea expropiado por la construcción de una carretera, pero hasta entonces, encenderé cada noche las bombillas de colores para que no dejes de verlo.

viernes, 16 de abril de 2010

El monstruo del lago Soledad

>> EN ZARAGOZA / PRESENTACIÓN DEL LIBRO:

'EL MONSTRUO DEL LAGO SOLEDAD' DE JOSÉ ORNA

>> LUNES 19 DE ABRIL A LAS 20.00 H EN LA FNAC PLAZA ESPAÑA / A CARGO DE ANTÓN CASTRO

El próximo lunes 19, Antón Castro (escritor y periodista) presentará a las 20 horas en la Fnac Plaza España de Zaragoza, el segundo libro de José Orna (Zaragoza, 1971), 'El monstruo del lago Soledad' , un relato de un viaje por estos parajes y su escapatoria. La obra está compuesta por una serie de imágenes realizadas en recortes de papel y un precioso texto que roza la poesía. Un libro muy singular, que merece la pena acercarse a conocer...

José Orna es conocido por el éxito de su primera obra publicada, 'Me gustan los abrazos', que firma con Rosa Blanca Miguel, obra que les ha permitido constituir la editorial 'Latas de Cartón' y editar este nuevo título.

Más información sobre 'El monstruo del lago Soledad':
http://www.mariaobelleiro.com/orna/lagosoledad.html

Más información sobre 'Me gustan los abrazos':
http://www.mariaobelleiro.com/orna/losabrazos.html