jueves, 25 de septiembre de 2008

El Cid

Me gusta el Cid. A mi abuelo le pilló la guerra estando afiliado a la CNT. No tardaron en denunciarlo sus propios compañeros de la fábrica al grito de ¡viva Franco! y ¡viva España! Juzgado como culpable de antemano, fue desterrado de Monzón al estilo del Cid Campeador pero sin caballo ni espada. No tengo ni un solo recuerdo de mi abuelo. En cambio de mi abuela si. Rezaba cada día el rosario sentada en el sofá, a veces guiada por la ayuda de mi madre. Yo miraba como sus labios se movían y emitían un sonido seseante sin ninguna palabra comprensible. Nunca entendí porqué lo hacía. Porqué rezaba el rosario de aquella iglesia que apoyaba a los mismos que la hicieron abandonar su casa, su familia y su vida. Es posible que el destierro viniera acompañado de la penitencia de rezar el rosario todos los días de su vida. Seguro que era así…

Hoy he vuelto al banco de madera donde suelo empaparme del sol mientras leo algún libro. Desde la primavera no lo hacía. En verano el sol no me empapa, me quema, así que ha tenido que llegar el otoño para volver a mi banco. Llevaba veinte páginas leídas del último libro que me ha regalado una amiga por mi cumpleaños, cuando he visto y oído a una señora muy mayor que caminaba apoyada en su bastón rezando el rosario. Me ha recordado a mi abuela y he querido pensar que tal vez esa señora también sufrió un destierro y está cumpliendo su penitencia. Seguro que es así…

2 comentarios:

Mayte Sánchez Sempere dijo...

Las abuelas, sus penitencias, sus rosarios. La mía lo rezaba caminando por el oscuro pasillo, aunque decía que en su casa de Madrid el rosario le costaba más pasillos que en su casa de Zaragoza... larguísimo y mucho más oscuro aquel pasillo de la calle Dato. A mi bisabuelo, su padre, lo desterraron en la República. Supongo que la penitencia era entonces la misma para todos.

Un beso y felicidades, aunque sea con retraso.

Elisa dijo...

De pequeña mi abuela me llevaba a misa todos los domingos y yo le preguntaba: ¿por qué el yayo nunca viene a misa? y ella me decía dulcemente, "porque el yayo estuvo en la guerra y vio muchas cosas, hija mía". Cuando mi abuelo murió mi abuela le encargó una misa por cada mes del primer año.. si levantara cabeza, verdad?? Me has recordado esa historia...

Por cierto, que ayer pasamos por el escaparete de la tienda y vimos tus obras, me hizo ilusión!

Un saludico!