martes, 22 de diciembre de 2009

Belenes

Hasta hace tres años conservaba el Belén con el que crecí y jugué todas las navidades, con su portal, sus animalicos, su río y su puente, su molino y sus personajes variados. Pero desaparecieron. Al principio pensé que habría perdido la vieja bolsa del Corte Inglés donde lo guardaba en algún traslado, pero no. El otro día encontré una nota en el armario dónde me lo explicaban todo. La dejaron el día en que se fueron todos y yo todavía no la había visto. Estaban cansados de lo mismo y se fueron cada uno por su lado. José, según decía la nota, quería prepararse unas oposiciones y viajar a conocer el mar. María se hartó de ser virgen, y mucho más cuando ella no lo había elegido, así que lo primero que quería hacer nada más salir a su nueva vida era ir a planificación familiar para que le explicaran unas cuantas cosas. Jesús, con cierto síndrome de Peter Pan, estaba deseando crecer y ser futbolista, como Cristiano (Ronaldo claro). La guapa molinera estaba interesada en ser promotora de Tuper-Sex y tenía algún plan para irse a vivir con uno de los pastores que había encontrado trabajo como camarero en un bar del Tubo. Melchor y Gaspar ya tenían los billetes de autobús para irse una temporada larga a Benidorm como cualquier jubilado. En mis juegos infantiles con el Belén jamás introduje elementos extraños como dinosaurios o los muñequitos de indios y vaqueros que tenía, así que el rebaño de ovejas y las dos cabras no tenían muchos motivos para irse, pero también se fueron. Y no quedó nadie... ni nada. Se llevaron el portal, las palmeras y hasta el musgo de mentira. Tal vez un día, cuando José ya haya visto el mar, María tenga un novio y Jesús juegue en el Madrid o en el Barca, vengan unas navidades de visita y nos tomemos unos trozos de turrón de chocolate y cantemos unos villancicos para celebrarlo.
http://www.youtube.com/watch?v=FTTIc_XHNrA

domingo, 20 de diciembre de 2009

Caja fuerte

En mi rellano somos dos vecinos, el de al lado y yo. Él también vive solo, es un poco más mayor y con mucho menos pelo que yo. Apenas nos vemos ni nos oímos, no tenemos una relación de vecinos, ni nos pedimos favores ni nos metemos en la vida del otro. Aun así me parece simpático. Normalmente siempre nos molesta algo de los vecinos, el ruido que hacen por la noche, si fuman en el ascensor, si gritan mucho o si tienden la ropa sin centrifugar y te mojan la colada casi seca del tendedero. Mi vecino (no se como se llama) tiene una particularidad, no hay nada que me moleste de él, pero vive en una caja fuerte. En la puerta, al lado del timbre, tiene un aparato con los números del 0 al 9, y para meter la llave en la cerradura y abrir su puerta, antes tiene que introducir un código como para abrir una caja fuerte. Nunca he visto el interior de su casa, pero me la imagino diferente. Imagino su cama como un gran fajo de billetes de 500 euros, la mesa del comedor con la forma de un enorme diamante tallado y el sofá hecho con importantes y secretos papeles. En lugar de cuadros tiene colgados de las paredes sellos muy antiguos y valiosos, y en lugar de platos, monedas romanas donde puedes ver la cara de algún emperador si te terminas toda la sopa de letras, letras del tesoro claro. Mi vecino es como un muñeco de Playmobil en una caja fuerte y que cuando sale al rellano para para meter su código secreto antes de cerrar con llave y llamar al ascensor, se convierte en una persona normal... pero llena de secretos.
http://www.youtube.com/watch?v=c9LcnRmih0c&feature=related

viernes, 18 de diciembre de 2009

Embargo

El lunes hará cuatro años que se presentó de sorpresa, así sin avisar. Llamó a la puerta y entró. Si lo sé no le hubiera dejado pasar, pero ese sombrero alto y el traje negro me dejaron mudo ante su ¿puedo pasar? No me dio tiempo a contestar y ya lo tenía sentado en el sofá. La cosa es grave, me dijo mientras me daba su tarjeta de visita. Embargos y otros desagradables hechos, decía en letra Times New Roman. ¿Cómo dice?, si no he dejado de pagar ni una sola letra de la hipoteca. Repentinamente se puso de pie y mientras observaba los libros y fotos de la estantería me explicó lo del embargo. Vengo a embargarle la sonrisa, el amor, la paz, la familia, la felicidad y el sueño. La casa puede quedársela, con el jardín y las dos plazas de garaje. En unos minutos se hará efectivo el embargo, me dijo mientras salía por la misma puerta por la que se había colado. Y así fue. En unos minutos llegó Ella a casa y todo se hizo efectivo. Lo malo de estos embargos es que no te mandan cartas avisándote de la situación, de repente lo pierdes todo.
En estos cuatro años he tenido que trabajar mucho para ir recuperando todo lo embargado. Quizás el sueño fue lo primero que conseguí y del resto no puedo decir que lo haya logrado del todo. A veces me acuerdo de aquel tipo que se coló en mi casa y me dan ganas de chafarle el sombrero con una piedra... y otras de invitarle a tomar una caña, porque en el fondo creo que la sonrisa que tengo ahora es mas verdadera que la de hace cuatro años.
http://www.youtube.com/watch?v=tRSsJHvw9ZY

lunes, 7 de diciembre de 2009

Teorías

Desde que una amiga le dijo una vez "la vida es compensatoria", dedicaba todo su tiempo libre a demostrar esa teoría. Estuvo absolutamente convencido de que en la vida pasan cosas buenas y cosas malas a partes iguales, cosas regulares o cosas algo buenas al 50 %, unas veces cosas horribles y otra mitad de veces cosas excepcionalmente maravillosas. Había llenado cuadernos con anotaciones sobre todo lo que le pasaba, con sus correspondientes valoraciones sobre bueno o malo, alegre o triste, fácil o difícil. También había elaborado gráficas y sacado porcentajes que demostraban esa teoría de que la vida es compensatoria, de que pasan por igual cosas buenas y malas, aunque de las buenas normalmente no somos conscientes porqué es "normal que pasen". El problema fue que mi amigo convencido de esta teoría, empezó a temer que le pasaran cosas buenas porque a continuación (y según la teoría de la vida compensatoria) le pasarían cosas malas. Después de algo maravilloso vendrían cosas horribles. Así que decidió que lo mejor sería huir de todo aquello que aunque ahora le hiciera feliz, al cabo del tiempo le haría infeliz. Se perdió el amor por no vivir el desamor, se perdió muchas risas por no llorar después, se perdió... Y ahí sigue, perdido, casi paralizado por una teoría que quiso creer y que le desdibuja la vida por no atreverse a vivirla.
http://www.youtube.com/watch?v=LeQ9RsL8sTg&feature=related

lunes, 30 de noviembre de 2009

Qistes

Hace bastante que no lo veo, perdón, que no los veo. Son dos. El mayor es un anciano de más de 90 años que apenas puede caminar solo y el joven es un treintañero latinoamericano que lo acompaña cada mañana al Café Moderno. Hasta aquí todo normal, anciano que tiene un cuidador que se ocupa de él y que posiblemente vive en su misma casa. El anciano toma café solo y el joven infusión de menta. Cada día, antes de ir al Moderno, compran el periódico justo al lado de su casa. El anciano es un hombre de rutinas. De alguna manera los ancianos necesitan las rutinas igual que los niños. Una vez sentados en la misma mesa de cada día, y cuando el camarero ya les ha llevado el café solo y la infusión, el joven cuidador le lee el periódico al anciano en voz baja. Éste le escucha sin prestarle demasiada atención... hasta que llega a las páginas de las esquelas. Entonces cambia la postura corporal, más cerca del lector y escucha los nombres de las personas fallecidas el día anterior y los recordatorios de los que murieron ese mismo día pero en otro año. Espera escuchar el nombre de otro tipo, pero hasta la fecha no lo ha conseguido, no ha habido suerte. Aquel tipo le privó de algo hace muchos años y el orgullo se le enquistó. De tanto sacarlo del cajón, llegó un momento en que se quedó para siempre, orgullo crónico. Él lo sabía, pero es igual que tener otras enfermedades crónicas, son para toda la vida. Así que el orgullo le había llevado a desear que la muerte le llegara antes al otro, a desear ver su esquela en el periódico. Como hace un tiempo que no lo veo, es posible que la muerte se haya acercado antes a él que al otro tipo. No sé como se llama, si no yo mismo miraría las esquelas a diario, para ver si por fin este anciano ha podido descansar de una vez y quitarse el orgullo de encima...
http://www.youtube.com/watch?v=3TCB6SbiYZ4&feature=related

jueves, 26 de noviembre de 2009

Tenis

Anoche me tiré en el sofá y estuve viendo un partido de tenis. No suelo hacerlo pero ayer necesitaba algo así. Me gusta como se calla el publico cuando los tenistas juegan, y como gritan cuando alguno falla o hace un punto. Es curioso, se hace el silencio y es algo sagrado. No me imagino un estadio de fútbol en silencio cuando se está jugando un partido. Anoche Nadal no pudo ganar aunque pareciera un gladiador invencible con una raqueta en la mano. Al devolver un saque, le dio tan mal que la pelota terminó en la parte más alta de la grada. Cayó en las manos de un hombre que sonreía y hablaba con una mujer mientras la tele los enfocaba y todo el mundo los veía sin que ellos los supieran. Bueno todo el mundo no, unos cuantos y entre ellos un tipo que mientras cenaba descubría que su amigo  y su pareja le estaban engañando en Londres y no podía creer que fuera así. Historias así pasan todos los días. No creo que el hombre traicionado anoche durmiera demasiado, no creo que hoy haya tenido un buen día, ni creo que pase unas buenas navidades. En el fondo, anoche Nadal le hizo un favor a ese tipo que cenaba mientras veía la tele, pero eso tendrá que descubrirlo él cuando pase el tiempo. 

Todo esto forma parte de mi imaginación, no ocurrió... pero es que ayer me crucé por la calle con dos personas cogidas del brazo, que una vez me traicionaron y no sabía como contarlo... y como esto no es tenis y no tengo que estar en silencio me apetecía gritarlo......................

domingo, 22 de noviembre de 2009

Yoga

Un 20% de la población padece acrofobia (del griego "miedo a los puntos extremos") Es temor exagerado al vacío, o lo que todos conocemos como vértigo. Una de las razones que nos predispone a tener vértigo es la percepción de una situación como algo catastrófico. De pequeño tenía vértigo desde la terraza de casa de mi abuela, de mayor también sentí vértigo desde grandes alturas, o desde avionetas con hélices. De pequeño tenía vértigo a la profundidad, vértigo al asomarme a un pozo de agua, de mayor he sentido vértigo en la profundidad del mar. Llegar a 30 metros debajo del agua y asomarme al negro abismo me ha dado un vértigo casi opiáceo. De pequeño también descubrí otro tipo de vértigo. Me lo producía ella. Yo sólo era un niño pero cada vez que la veía… vértigo, cada vez que sabía que la iba a ver… vértigo, cada vez que la imaginaba… vértigo, cada vez que la soñaba… vértigo, cada vez que hablaba con ella… vértigo. De mayor he vuelto a tener el mismo vértigo, aunque entonces eran otras "ellas". Los médicos recomiendan exponerse al miedo y recurrir a técnicas de relajación como el yoga. Ahora me asomo poco desde las alturas, a las profundidades y me expongo muy poco a “ellas”. En cualquier caso estoy pensando apuntarme a yoga por si en algún momento, de manera inesperada, vuelvo a tener acrofobia… por la altura, la profundidad o por “ella”.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Niebla

Vivo en un valle con un río. Dicho así suena estupendo, quizás un poco Casa de la pradera, pero no, el Valle del Ebro es valle de viento y niebla. El viento para lo bueno y para lo malo, para limpiar el aire de humos y también para que provoque un sin fin de molestias. La niebla es otra cosa. Los días de gran estabilidad atmosférica (anticiclónicos y con ausencia total de viento) hace más frío en el valle que en la montaña, entonces la tierra pierde calor de forma muy rápida enfriando el aire de alrededor que en contacto con la humedad del río da lugar a la niebla. Enamorarse es como hacer niebla. Hace mucho tiempo que ya no estoy hecho niebla. Las razones están en mi meteorología. No consigo tener una estabilidad atmosférica, tengo más borrascas y vientos que otra cosa. No consigo perder calor interior, no encuentro un río húmedo cerca. Así es imposible. A veces me gustaría estar hecho niebla, y otras no. Cuando estoy hecho niebla no soy capaz de distinguir lo que tengo enfrente, no soy capaz de ver la realidad. Deberían fabricar gafas de ver entre la niebla para cuando uno se enamora, porque cuando vuelve a salir el sol, a veces no sé quien es esa persona de la que me enamoré cuando estaba hecho niebla y al final me quedo hecho tierra...
http://www.imeem.com/memoriza/music/37yumAFV/los-gofiones-estoy-hecho-tierra/

martes, 17 de noviembre de 2009

Trincheras

Me gusta ir a IKEA y sentarme en un sillón a ver pasar la gente. Mi preferido es el POÄNG, aunque el LILLBERG tampoco está nada mal. Me gusta observar a la pareja jovencita que le da igual una estantería BILLY que una lámpara KVART porque sólo tienen ojos para mirarse y desearse. O la otra pareja en la que ella está embarazada y con una gran ilusión miran una cuna LEKSVIK y una pizarra MÂLA para cuando la criatura sepa escribir o pintar algo. Me gusta también mirar a la pareja en la que es ella la que decide que hay que comprar la lámpara LAGRA y la caja con tapa para la ropa NOSTALGISK sin que él pueda opinar nada. Y al niño que se aburre de que su madre lleve diez minutos mirando los cuchillos HAKE y así se lo grita desesperado mientras la madre le contesta que también ella se aburre cuando va a verlo jugar al fútbol. También me gusta mirar a la pareja que va a IKEA con la madre de ella o de él y que al final es ésta la que decide que la cortina WILMA es la que mejor vestirá la casa de la pareja. Y así un montón de gente diferente buscando mientras yo los miro. No creo que ninguno de ellos vaya a IKEA buscando trincheras aunque muchos de ellos con el paso del tiempo las necesitará. Y como no las compraron tendrán que hacerse una con la estantería BILLY, con la cuna LEKSVIK, con la pizarra MÂLA para que cuando se lancen los cuchillos HAKE, nadie salga aun más herido. De todas maneras no creo que vendan trincheras en IKEA, aunque yo creo que sería un gran éxito de ventas, te lo digo yo que me he tenido que construir alguna y sin instrucciones de montaje...

martes, 10 de noviembre de 2009

Biodramina

Siempre me mareaba de pequeño. En el coche, en el bus, en el tren, en un pedalo en el mar, o simplemente flotando con un colchón de aire. Mal equilibrio el mío. La Biodramina me acompañó durante toda mi infancia. Con el paso de los años me fui acostumbrando a esta rueda en la que giramos y dejé de marearme... tanto como antes. Existe un factor que hace que todo sea como es, que todo se repita de una manera constante. El día, la noche, enero, febrero y marzo, el verano, el invierno, todo se repite de una manera inagotable. Lo bueno, lo malo, lo mejor y lo peor. Nada ni nadie puede hacer que sea de otra manera. La culpa de todo la tiene la velocidad. La que de manera constante hace que todo gire siempre de la misma forma. La velocidad a la que gira la tierra sobre si misma y alrededor del sol. Una velocidad inalterable que marca lo que vivimos. Si todo girara a doble velocidad, los días tendrían la mitad de horas. Habría menos horas para dormir. Cada seis horas se haría de noche y cada seis horas se haría de día. Comeríamos en la mitad de tiempo, trabajaríamos la mitad... y tal vez tendríamos también la mitad de amores y desamores, seríamos la mitad de felices y también de infelices de lo que lo somos ahora. Todo por culpa de la velocidad. A mí me va bien la velocidad a la que giramos ahora. Ahora que ya no me mareo y que mi equilibrio se ha acostumbrado a esta velocidad, ahora que ya sé que todo se repite una y otra vez aunque me cueste aceptarlo, no es cuestión de volver a la Biodramina.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Inevitable

Los domingos eran días de muchas cosas de pequeño, pero una de ellas era el periódico y sus suplementos. En mi casa se compraba El País. Un domingo mi padre me hablo de un lugar donde había un muro y la gente tenía prohibido pasar de un lado al otro. No me habló del muro por casualidad. Ese domingo venía en un suplemento de El País un reportaje sobre personas que habían ideado diferentes planes para cruzarlo, la mayoría de ellos muy ingeniosos. Haciendo túneles, con globos caseros o construyendo un coche tan bajito que podía pasar por debajo de la barrera. Yo debía estar encantado con aquellas historias sobre gente que quería pasar de un lado del muro al otro. Así descubrí que existía un muro, que existía el Muro. Pasaron los años y un día como hoy de hace dos décadas el Muro se llenó de agujeros, era un buen final, el mejor, el inevitable. Yo ya hacía dos meses que era mayor de edad, así que también fue inevitable que quisiera ir a ver aquel muro que desde pequeño había alimentado en mi cabeza un montón de historias y que ahora se caía por su propio peso. A los pocos meses llegué a Berlín en tren desde los fiordos noruegos en aquellos viajes por Europa que hacía en verano. Y como era inevitable volví a casa con un trozo de aquel muro que guardo como un tesoro. Supongo que un día le contaré a mi hija todo esto, y espero que cuando ella sea mayor vaya a ver otros muros los cuales se hayan llenado por fin de agujeros. Y por supuesto que inevitablemente se traiga a casa un trocito de alguno de ellos.

jueves, 5 de noviembre de 2009

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No sé si empiezo a ser un poco plasta con el tema...
http://www.notodo.com/v4/php/agenda.php?iagenda=1846#ficha

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Pasamontañas

Las casas tienen una pequeña ventana al mundo exterior. Bueno, no sé si al mundo exterior, mejor debería decir al rellano de la escalera. La ventana es tan pequeña que sólo se puede mirar con un ojo y la imagen que se ve suele estar distorsionada por los cristales con los que la hacen. Cuando de pequeño descubrí la mirilla de la puerta, me divertía mirando a través de ella y viéndolo todo distorsionado. Era divertido ver la cara de las personas de mi familia, o de cualquiera que llamara a la puerta, deformadas por ese ojo de pez. Mira siempre antes abrir me decía mi madre. A veces obedecer a una madre no es tan terrible. Una vez miré y era la policía. Vaya susto. Traían una carta para comunicarle a mi hermano que era inútil para realizar el servicio militar. Pero la parte más emocionante era observar a los vecinos como salían y entraban en sus casas. En el rellano de casa de mis padres había cinco puertas, cinco familias tras sus trincheras y por supuesto tras sus mirillas. Si yo miraba, ¿porque no me iban a mirar a mí cuando salía de casa? Esperando el ascensor me sentía observado, imaginaba cinco ojos mirándome detrás de cinco puertas. Así, que si el ascensor tardaba mucho, abandonaba y bajaba andando. Eso tenía un riesgo, que en cada rellano hasta el portal hubiera otros cinco ojos mirando a través de las cinco mirillas de cinco puertas. Tal vez, y sólo tal vez, todos eran espías de mi madre para ver si me quitaba el pasamontañas nada más cerrar la puerta de casa y que yo odiaba con todas mis fuerzas...

viernes, 30 de octubre de 2009

Publicidad

Un poco de publicidad y enseguida estaré de nuevo con ustedes...

viernes, 23 de octubre de 2009

Oferta de empleo

Esta semana he recibido una carta con una oferta de empleo. El puesto ofertado era "Tatuador de árboles" y la empresa se llamaba "El bosque de los árboles tatuados". Para llegar allí tenía que seguir unas sencillas indicaciones. Debía cruzar el paso de cebra que va del mercado de San Vicente de Paúl al bar que hace esquina en la calle Mayor con los ojos cerrados. Al abrirlos me encontraría en "El bosque de los árboles tatuados". Así que hoy me he presentado en mi nuevo puesto de trabajo a las 9 como indicaba la carta. He cruzado el paso de cebra y al abrir los ojos he visto a Pedro y detrás de él un bosque con árboles tatuados, árboles llenos de corazones y nombres marcados con su navaja. Pedro se jubila, hoy ha sido su último día en el bosque y el primero para mí. Lleva toda la vida haciendo este trabajo. Dice que cada vez que alguien se enamora le llega una nota con los nombres de los emocionalmente perturbados, como llega la comanda a la cocina en un restaurante con los platos que han pedido los clientes. También dice que nadie quiere hacer ya este trabajo, que es un oficio casi perdido, y que es necesario para que quede registrada la locura de nuestra especie. Tardaré algún tiempo en hacerlo como él, pero me ha dicho que tengo madera de tatuador. Me ha enseñado un árbol de 38 años con unos cuantos corazones con mi nombre. Allí estaba mi árbol. Cada año crece el tronco y tiene un montón de corteza para tatuar corazones. Habrá que esperar que llegue una nota con mi nombre... hasta entonces seguiré tatuando los de los demás, y quien sabe si también el tuyo.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Paraguas

Ser paraguas en Zaragoza no es nada fácil. Casi nunca llueve. Yo fui uno grande y rojo. Tuve cuatro dueños aunque sólo el primero pago algo por mí. Me compró en una tienda de chinos una mañana de lluvia. Mi primer dueño me colgaba de un perchero de forja. No tengo ninguna queja de él. Si amenazaba lluvia siempre le acompañaba a la calle. Le protegí del agua durante meses. Al llegar a casa me abría y me colocaba en la bañera para que me secara. No era de los que pensaba que si abres un paraguas en el interior de un edificio, atraes la mala suerte. Los humanos son muy dados a este tipo de cosas. Ver gatos negros, romper un cristal, pasar por debajo de una escalera o abrir un paraguas.

Un día se acabó mi suerte. Mi segundo dueño era amigo del primero. Fui prestado, y un paraguas que se presta, rara vez es devuelto. Nunca es buen momento para devolver un paraguas. Mi nuevo dueño no me utilizó por no romperme o perderme. Y entonces, ¿porqué no se lo daba a mi primer dueño? A su hijo le gustaba jugar al Zorro conmigo. Es uno de los usos que nos dan los niños. Aunque yo era largo, siempre estaba en desventaja con los paraguas plegables. Le daban al botón y disparaban, activando el mecanismo. Me alegro de no haber sido un paraguas plegable. No duran nada en manos de un niño.

Cuando ya empezaba a dudar de mi identidad y no sabía si era un paraguas o la espada del Zorro, una tarde de primavera, mi segundo dueño me dejo olvidado en un taxi. A diferencia de gatos negros, cristales y escaleras, los paraguas somos el objeto que más pierden los humanos. Cualquier sitio es bueno, un banco, un supermercado, un autobús, y en mi caso un taxi. Las oficinas de objetos perdidos están llenos de paraguas. Casi nadie se molesta en ir a recogerlos. El taxista ni se molestó en devolverme, así que éste fue mi tercer dueño. Hice kilómetros y kilómetros en el maletero de aquel taxi. Pensó que le vendría bien llevarlo, pero era de los que se pasan el día conduciendo y salen de casa sentados en el coche desde el garaje. Pasó una primavera, un verano y yo pensé en volverme loco. Allí encerrado, en aquel maletero, creía que me iba a derretir. Perdí la esperanza. Los pocos días de lluvia, oía el ruido del agua golpear el coche. Prefería ser destrozado por el granizo o perder mi forma cóncava por vientos huracanados. Es humillante convertirse en un paraguas convexo, pero mejor ser un paraguas convexo y mojado que uno cóncavo y seco.

Una noche cambió mi suerte. El taxi se estropeó al mismo tiempo que se puso a llover. El taxista me abrió mientras comprobaba el motor del coche. Acabó llamando a la grúa. Sentía la lluvia resbalando encima de mí de nuevo. Me acordé de mi primer dueño, de aquellas mañanas camino del trabajo, de las tardes de paseos cuando nos parábamos en los semáforos y nos juntábamos paraguas de todos los colores y tamaños, y de las noches de cines, teatros y cafés. Nunca más querría volver a aquel maletero. No, nunca más. Así que me negué a ser cerrado. El taxista lo intentó, intentó forzarme pero no lo consiguió. Primero el taxi y luego esto. Un día de mala suerte, pensó. Tal vez vio cruzar un gato negro, rompió un cristal o pasó por debajo de una escalera. De lo que estoy seguro es que no me abrió en el interior de un edificio. Me maldijo y me abandonó en plena calle.

Yo seguía mojándome, feliz por aquel golpe de suerte. Perdí el sentido y no se cuanto tiempo pasó hasta que apareció mi cuarto y último dueño. Iba acompañado de otras personas. Venían de fiesta bastante borrachos. Los humanos tienen imágenes en la memoria en las que aparecemos los paraguas. Mi dueño imitó la famosa escena de Cantando bajo la lluvia, otra chica intentaba volar como Mary Popins y después cerrarme para imitar a Chaplin. Ya era tarde, yo me había negado a ser cerrado y no había vuelta atrás. Pasé por todas las manos de aquel grupo y nadie lo consiguió. Era imposible. Mi último dueño no supo entrar en el portal de su casa con un paraguas abierto. Sin pensarlo me clavó en el cubo de la basura como una vela en una tarta. El resto no es difícil de imaginar.

Si tienes un paraguas, sácalo cuando llueva porque además de no mojarte, coloreas los días grises de lluvia...

jueves, 15 de octubre de 2009

Espejos


En casa de mis padres había un armarito encima del lavabo, uno de esos con tres puertas-espejo. Si abrías las dos de los lados y mirabas a uno de ellos, se veía la imagen multiplicada por el reflejo de un cristal en el otro hasta el infinito, bueno mejor dicho hasta que la imagen se cortaba en uno de los espejos. Me gustaba jugar a moverlos, asomar mi nariz y verla reflejada repitiéndose una vez tras otra, yo creo que por eso soy de nariz generosa. Ahora que ya no existe ese armario, de vez en cuando miro en el espejo del pasado, pero es un riesgo hacerlo. Sin saber porqué unas veces ocurre y otras no, el espejo del pasado se reproduce en infinitos espejos. Y allí quedo yo atrapado en imágenes que no quiero ver y que se repiten en todos esos espejos como en aquel armarito de casa de mis padres que estaba encima del lavabo. Sólo hay una manera de salir de ese espejismo, hay que romper el cristal original, el primero en el que miré el pasado... pero no es fácil. Así que me voy a dedicar en los próximos días a tirarles piedras a todos hasta que haga añicos ese espejo... el que me empeño en mirar siempre tentando a la suerte.

lunes, 12 de octubre de 2009

Cajas de zapatos

Lo primero era convencer a tu madre de que necesitabas una caja de zapatos para algo muy importante, criar gusanos de seda. La mía supongo que sacaría algunos zapatos viejos de su caja para darme el capricho, no sin antes soltar esas frases que soltaban todas las madres... pero te harás cargo tú de los gusanos, porque yo bastantes cosas tengo que hacer ya. Que siiii, pesada. Ya me lo contarás cuando se te mueran todos porque no los cuidas... Y eso era lo último que oías cuando ya tenías la caja y te ibas al colegio a conseguir gusanos de seda para criar. Me podía pasar horas mirando aquellos gusanos, tocándolos, dándoles de comer hojas de morera (que no recuerdo de dónde las sacaba), viendo como crecían, como se encerraban en hilos de seda y salían como mariposas. La caja tenía que tener ajugueritos para que entrara algo de oxígeno y no se murieran cuando la tapaba.
A veces imagino que todos vivimos en una gran caja de zapatos, y por la noche cuando alguien o algo la cierra y todo se hace oscuro, las estrellas sólo son esos agujeritos que alguien ha hecho en la caja para que podamos respirar. Ser gusano no está tan mal, pero no toda la vida. Llevo años tejiendo un capullo, y creo que me queda aun mucho por tejer, pero espero que algún día convertido en mariposa salga de esta caja de zapatos usados... como aquella que me daba mi madre a regañadientes cuando era niño.

viernes, 9 de octubre de 2009

Casettes

Nunca tuve un tocadiscos, así que tampoco vinilos. Lo mío fueron los casettes. La mayoría eran de 60 minutos, pero también tenía de 90, extra largos. Que hubiera sido de mi adolescencia sin aquellos casettes de Dire Straits, U2, Bob Marley, Kiko Veneno, Los Rebeldes, Silvio, Aute, Sabina, Ellis Regina, Rod Stwart, Mike Olfield... todos grabados, no había para más. Hubiera sido una adolescencia con otra banda sonora. Nunca podré olvidarme de cómo, con la ayuda de un boli Bic, rebobinaba cuando se enganchaba en el radiocasette y se salía la cinta. Tecnología punta. Recuerdo tener el casette preparado y estar escuchando la radio, esperando que sonara la canción del momento y darle al REC y al Play a la vez. Robarle la canción a los de la radio para poder oírla cuando yo quisiera. Era un ladrón de canciones. Un pirata... de los de antes, cuando había que currárselo para conseguir una canción.
Ayer decidí deshacerme del botín musical de aquella época. Me puse el parche en el ojo y con alguna cicatriz más de las que tenía en mi adolescencia saqué todos mis casettes del cofre del tesoro, que previamente tuve que desenterrar de un cajón. Mi hija me miraba en silencio, sin preguntar que eran aquellos objetos. Creo que le solté un rollo sobre aquellos años en los que la música se escuchaba de otra manera. Le pregunté que le parecía y me contesto tres palabras... "un poco raro". Después, camino del supermercado, tiramos dos bolsas llenas de casettes en el contenedor amarillo de los plásticos, dos bolsas llenas de la banda sonora de mi vida en formato casette. El parche me lo guardé en el bolsillo y las cicatrices me hubiera gustado tirarlas al contenedor de la basura. Al final tendré que ponerme tatoos de los que se pone mi niña y que salen en las bolsas de patatas fritas para que no se vean tanto.