martes, 27 de abril de 2010

Gracias


Suelo dar las gracias cuando me devuelven el cambio en el Mercadona, cuando me ponen el café y los churros por las mañanas, cuando un vecino me deja pasar en el ascensor o cuando mi profe de diseño gráfico me explica algo. Hoy quiero dar las GRACIAS, que no es lo mismo que dar las gracias. GRACIAS a Antón Castro por presentar mi último libro, por hacerlo de esta manera...

Sobre ‘El monstruo del lago Soledad’. José Orna. Latas de Cartón. Zaragoza, 2010.

Hay libros que adquieren un carácter especial de inmediato. Porque son amorosos, artesanales, inquietantes, porque proponen una historia compleja y matizada, porque están destinados a convertirse en un objeto, cálido, sugerente, como un tesoro de letras, como un laberinto de tinta china. O como una película de cine de animación en blanco y negro. Es el caso de ‘El monstruo del lago Soledad’, cuyo título ya resulta muy evocador: pensamos en el lago Ness o en los lagos aragoneses de Mediano o Barasona, pensamos en ese monstruo de varias cabezas que asoma desde el fondo para arrojar el espanto sobre el mundo. Es como si se despertase una fiera en el corazón de la tierra, en el manantial secreto de las todas las fuentes y los ríos.

Hay otra palabra que invita a la reflexión. Cargada de sentido. Sospechosa. La palabra Soledad. El lago Soledad. Todo está lleno de presagios, y en cuanto abrimos las páginas vemos cómo alguien se cae al vacío por un agujero que invita a pensar en Alicia en el País de las Maravillas y, ya puestos, en Indiana Jones. Vemos a alguien cuyo corazón ya no está en su sitio, alguien que se siente condenado para siempre (y se sugiere con los fusilamientos de Goya), alguien que se ha vuelto insomne, obsesivo, temeroso, alguien que “esté donde esté siempre lleva a sus monstruos dentro”.

José Orna sigue desvelando secretos y nos enfrenta al miedo, a la angustia, a los demonios interiores. Que son codiciosos, que asustan. Son los monstruos de nuestro propio dolor, de una desazón antigua que nos hace a todos ser extranjeros de nosotros mismos, como extraños que penden de la nada y el alambre. Solo esa dolencia, que se agiganta y que podría tornarse insoportable, se alivia con las emociones, con la cultura, con las palabras, con las imágenes, con las letras, letras con las que se pueden construir poemas, mensajes, pócimas de curación para el tormento del alma. El protagonista anda y desanda las páginas, con el desamor a cuestas. El protagonista vive en un poema que atraviesa el libro y va de su corazón a sus asuntos. Y va de espanto en espanto hasta que un día decide mirarse al espejo. En la vida nada es definitivo, salvo la muerte: la vida, con monstruos o no, siempre concede una segunda oportunidad. Y quizá por ello debamos aprender a vivir con el monstruo, como se vive con un lumbago, un dolor de muelas o con la ansiedad.

Hace unos días, José Orna me contestó a un correo con estas palabras: “Hablo del dolor, es verdad. Es casi como una bajada a los infiernos, un tránsito por él y una salida, pero con la sensación de haber quedado cicatriz y con la certeza de que se puede volver a caer”. Creo que con esta línea de intimidad y de confidencia, se explica este texto que nace de una demolición, de una derrota, de un estado de ánimo más bien vulnerable.

Para escenificar esta erupción de sentimientos encontrados, José Orna ha elegido un libro cuadrado, en blanco y negro, que ha hecho con cartulina recortada y luego fotografiada. El libro prolonga la atmósfera anunciada y abre un nuevo cauce: aquí hay homenajes a la pintura, a Buñuel y sus arañas, a Isidro Ferrer, a los dibujantes japoneses, a la escultura, a fotógrafos como Brassaï, hay un estudio de la disposición de la tipografía, hay un juego con las letras y sus tamaños, con la página en blanco, con el diálogo del positivo y del negativo, y hay una iconografía muy pensada, clásica y moderna, vinculada con el cine negro y con la apariencia de las cosas. Y por haber hasta hoy un homenaje más o menos explícito a su anterior libro: ‘Me gustan los abrazos’, que firmó con Rosa Blanca Miguel. Aquí el Orna feliz de entonces ha cambiado un poco y dice: “Me acuerdo de abrazos // que ni siquiera sé si existieron”.

El monstruo del lago Soledad quiere ser un libro desnudo, exento, sin otro adorno que lo esencial: muestra el tuétano, un desgarro, el torbellino de la soledad, que es aquí el vocablo que lo abarca todo, es el término síntesis. No hay más color que el hilo rojo del lomo que se muestra: es como un hilo de sangre. Dentro, en las páginas, están el llanto y la belleza, la rotundidad y el temor, la alegría y el sueño, el caracol del tiempo y la circunferencia, la hostilidad y el desamparo, el nadador y el árbol de estrellas, el ahogado y la noche y sus espectros, la pregunta sin respuesta y el diálogo de dos que se aman. Dentro está la multitud y lo inefable, y está la manufactura: el diseño, la invención, la mancha, la silueta, la página en blanco, la página en negro…

Dice José: “Suelo pasar un tiempo largo // cada vez que caigo al lago, // así que construyo mis refugios // en los que poder estar alejado // de los monstruos”.

Este libro, diseñado con un ritmo propio, también es un refugio. Y en el fondo, una forma de consuelo. Todo gran dolor puede mitigarse si se encierra en un cuento, como dijo desde África Isak Dinesen. En un cuento como éste. El monstruo del lago Soledad.

*Texto de la presentación el pasado lunes en la FNAC. Lo presentamos el autor y yo. Y hubo un clima especial de cariño. El acto contó con una exposición de lujo: todas las piezas que José Orna ha hecho para este trabajo.

Antón Castro.

http://www.youtube.com/watch?v=DkAeZmV9g1Y&feature=related



domingo, 18 de abril de 2010

Bombillas

Tenía un corazón-teatro. Un lugar en el que representar pequeñas funciones. Hace unos años una de las funciones no funcionó. La actriz principal se largo de gira con una gran compañía. Bueno no creo que sea una gran compañía, pero le prometieron que vería mundo, que viajaría, que le darían los mejores papeles, le prometieron grandes noches, noches de aplausos y flores. Y se largó. Punto. No hay nada más que decir ni reprochar, así funciona esto. Me quedé con deudas, facturas, algún embargo y un sin fin de impuestos que pagar. Tuve que cerrar mi teatro. Eché la persiana y a otra cosa, mariposa. Hace no demasiado me acerqué por el teatro para ver si había alguna carta del banco y levanté la persiana. Me costó hacerlo, le hacía falta un buen chorro de aceite a esa persiana con forma de corazón. ¿Para qué quiero yo ese teatro? fue lo primero que me pregunté cuando vi la oscuridad de la sala y los carteles de la última función tirados por el suelo. Así que puse un anuncio en el periódico: "Cambio teatro por casa en un árbol". Sí, casa en un árbol. Es lo que siempre he querido tener. Vivir en una pequeña casa de madera a cinco metros del suelo. Un tipo me llamó enseguida. Ahora tengo un corazón-casa en un árbol. Puse una escalera para que puedas subir, para que vengas a verme, para que te quedes a dormir. La casa no tiene persianas que bajar ni que subir. Tengo vecinos. No están fijos en el árbol. Durante el invierno se van a tierras más cálidas y vuelven por primavera. Por la mañana me despiertan pronto con sus cantos, pero no me importa, no molestan. Y por las noches, cuando te acercas por mi casa y oigo como subes la escalera de madera, para que no te caigas, te enciendo las bombillas de colores que no venden en Ikea. Tal vez un día, el árbol se seque o sea expropiado por la construcción de una carretera, pero hasta entonces, encenderé cada noche las bombillas de colores para que no dejes de verlo.

viernes, 16 de abril de 2010

El monstruo del lago Soledad

>> EN ZARAGOZA / PRESENTACIÓN DEL LIBRO:

'EL MONSTRUO DEL LAGO SOLEDAD' DE JOSÉ ORNA

>> LUNES 19 DE ABRIL A LAS 20.00 H EN LA FNAC PLAZA ESPAÑA / A CARGO DE ANTÓN CASTRO

El próximo lunes 19, Antón Castro (escritor y periodista) presentará a las 20 horas en la Fnac Plaza España de Zaragoza, el segundo libro de José Orna (Zaragoza, 1971), 'El monstruo del lago Soledad' , un relato de un viaje por estos parajes y su escapatoria. La obra está compuesta por una serie de imágenes realizadas en recortes de papel y un precioso texto que roza la poesía. Un libro muy singular, que merece la pena acercarse a conocer...

José Orna es conocido por el éxito de su primera obra publicada, 'Me gustan los abrazos', que firma con Rosa Blanca Miguel, obra que les ha permitido constituir la editorial 'Latas de Cartón' y editar este nuevo título.

Más información sobre 'El monstruo del lago Soledad':
http://www.mariaobelleiro.com/orna/lagosoledad.html

Más información sobre 'Me gustan los abrazos':
http://www.mariaobelleiro.com/orna/losabrazos.html


martes, 16 de marzo de 2010

Rafaella

Mi vida es como la letra D, que tiene un poco de todo. Por un lado la D de desconfianza, de desperfecto, drama, desmotivado, defraudado, difícil, despiste, despilfarro, desactivado, declive, dolor, despectivo, desplome, despavorido, daño, despedida, despechado, desnucado, desnivel, desnaturalizado, desorden, daltónico, desolado, desmoronado, desmoralizado, daga, desnutrido, desollado, difteria, desequilibrado, desterrado, débil, decaído, decrepitud, dogma, defecto, déficit, demagogia, descabezado, duro, desplumado, despoblado, desgracia, Dios y diablo.
Y por otro la D de dulce, de despreocupado, diábolo, desprendido, despertar, delicia, dalia, deleite, despelote, diferente, despensa, Drácula, danza, decente, desobedecer, dado, desnudo, descojonado, dama, dominó, delicado, Darwin, dedicado, ducha, dragón, dar, despejado, diapasón, diamante, despenalizado, dátil, danza, dedo, dibujo, diente, dulce, Dalí, despiste y por supuesto la D de deseo.
Si Rafaella me preguntara eso de ¿si fuerrrrrras una letra, cual serrrrías?
La D, sin duda Rafaella, la D.


martes, 9 de marzo de 2010

Tutankamon

La única conversación de sexo que tuve con mis padres en toda mi vida, fue con mi madre cuando yo tenía unos 9 o 10 años. En realidad no fue una conversación, más bien un pequeño monólogo por mi parte con unas risas de mi madre como en el club de la comedia. A lo largo de toda mi infancia estuve enamorado de la misma chica. Bueno yo, y creo que un montón de chicos de aquel colegio de chicos que íbamos a los scouts los fines de semana. Allí si que había chicas. Pues aquella chica fue la protagonista de mi monologo con mi madre. Le conté que cuando pensaba en ella "la cola me crecía". A mi madre yo creo que le hizo gracia, pero supongo que saldría de aquella situación diciendo algo así como, "calla calla, que cosas dices". Y ahí terminaron para siempre mis clases de educación sexual. El pasado domingo ocurrieron dos cosas a la vez que me recordaron a aquella chica. Ví en la tele al presentador engominado de un programa de televisión y locutor de radio que ahora está casado con la que fue mi gran amor de la infancia. Creo que se conocieron cuando ella era cheerleader de un equipo de baloncesto. Parece ser que con los años siguió gustándole a un montón de hombres, pero fue éste el que ella eligió, o tal vez el que eligió fue él. La segundo cosa que ocurrió el domingo pasado fue, que leyendo el periódico descubrí que a Tutankamon lo embalsamaron con el pene erecto, o como se diría ahora, Pinocho. Y digo yo, que no sé si contárselo a mi madre y tener una conversación sobre el tema. Pero me temo que deberá ser un monólogo como aquel que le conté sobre los efectos que tenía aquella chica en mí cuando era pequeño. Tendremos risas aseguradas.

lunes, 22 de febrero de 2010

Mi tío Paco

Mi tío Paco era tío de mi padre, y todos lo conocíamos como el tío Paco "el de la pentanca". Yo ni me acuerdo de él, pero supongo que mis padres lo llamaban así porque era un gran aficionado a la petanca. De pequeño teníamos una petanca con la que jugábamos cuando íbamos a la playa a Alicante. Después tuvimos una petanca de las de verdad, no sé a que fin, pero la tuvimos. Tal vez en honor del tío Paco "el de la petanca". Si el tío Paco saliera de su tumba y se sentara a ver la tele estos días conmigo, lo iba a flipar. No por Gran Hermano, ni por Intereconomía, ni por la Champions, lo iba a flipar por el Curling. Esa petanca nórdica que se juega sobre hielo en lugar de la tierra seca de Zaragoza, que usan unos zapatos con suela deslizable por el hielo en lugar de las alpargatas, que llevan unas escobas en la manos y tiran unas piedras en lugar de pelotas de metal. Hoy había partido femenino entre Suecia y Canadá. A mi tío Paco le hubiera encantado verlo, seguro. Es uno de los pocos deportes en el que los participantes no son atletas fuera de serie y pasan de los veintitantos. La mayoría tienen más o menos mi edad, incluso hay jugadores de más de cuarenta años. Mi tío Paco lo tiene complicado para ir a las próximas olimpiadas, pero si desde mañana empiezo a entrenar en esto del Curling, tal vez yo si tenga alguna posibilidad de participar. Y quien sabe si los hijos de mis sobrinos dentro de muchos años me conozcan como el tío Jose "el del Curling".

lunes, 15 de febrero de 2010

Bolis

¿Y para qué quieres tú eso?, me preguntó mi madre cuando le pedí que me comprara un boli de aquellos que tenían cuatro colores. Era gordo, azul de mitad hacia un lado y blanco hacia el otro donde estaban las palanquitas que cambiaban la tinta de color. En esa misma época yo soñaba con algo que después le pasaría a Amelie. Descubrir un agujero secreto detrás de un rodapié, o de una baldosa, o dentro del armario empotrado del pasillo. A veces daba pequeños golpes para ver si sonaba a hueco alguna pared o el suelo de la casa. Me hubiera gustado encontrarlo, pero no fue así. Alguna vez pensé en hacerlo yo mismo, pero antes o después sería descubierto. Si lo hubiera hecho, tal vez ahora habría aparecido Amelie en mi vida. Me observaría desde lejos, sin que yo pudiera verla, pensando en como hacerme más feliz, me haría llamadas a cabinas de teléfonos para indicarme la siguiente pista, pintaría rayas con tiza en las escaleras de mi casa, entraría en la de mi vecino sin ser vista para que dejara de tocar el acordeón todo el día, me enviaría fotos suyas vestida como el Zorro, y yo iría cada mañana al café donde trabaja para verla mientras desayuno y tal vez un día de esos me devolvería todo lo que habría encontrado en el hueco de la pared de aquella casa en la que nunca metí ni unas fotos ni ese boli de cuatro colores que mi madre me compró cuando era pequeño.

viernes, 12 de febrero de 2010

El Sr. Francisco

El Sr. Francisco murió en acto de servicio. Se lo encontró su mujer muerto en el ascensor de la casa de mis padres, era el portero. Ellos vivían en el último piso, en "la casa del portero", un apartamento pequeño y frío en invierno, y pequeño y caluroso en verano. Crecí viendo cada día al Sr. Francisco en su garita, con su boina tapándole la calva y mirando por encima de sus gafas de leer cada vez que atravesaba el patio mientras él hacía quinielas. A veces me cruzaba con él en algún rellano mientras fregaba la escalera. Solía poner cara de enfadado cuando yo le pisaba lo fregado o manchaba algo. Aun así, a mi familia nos trataba bien. Creo que era porque mi padre le daba un buen aguinaldo por navidad. Yo pensaba en que vecinos le debían dar aguinaldo y cuales no. Yo resumía la relación de los vecinos con el portero sólo por ese hecho. Era pequeño y todavía no entendía la complejidad de las relaciones vecinales con su portero. Sí alguna vez lo veía discutir con alguna vecina, la causa estaba en el aguinaldo de navidad. A veces me lo encontraba con la cara negra, y cuando digo negra quiero decir negra. En invierno además se encargaba de echar carbón a la caldera de la casa. Había dejado el pueblo y su rebaño de ovejas para venirse a la capital, y allí estaba él, vigilando su territorio, el patio, la escalera y los rellanos, la caldera, y ayudando a mi madre cuando venía cargada con la compra del mercado. En mi época universitaria trabajé varios veranos como conserje. En el paseo de Sagasta no eres portero, eres conserje. No fue difícil, pero no porque sea fácil, las relaciones con los vecinos siendo conserje dan para escribir un libro, no fue difícil porque crecí en una casa con portero, el Sr. Francisco.

martes, 2 de febrero de 2010

Dibujos animados

Si fuera un dibujo animado los golpes no dolerían, podría chocar con un muro y salir ileso, una máquina me cortaría a cachitos, me inflaría como un globo y saldría volando, me ardería el pelo, caería desde un rascacielos y haría un agujero en la calzada con la forma de mi cuerpo, los ojos saldrían de mi cara medio metro y volverían de nuevo, miles de voltios me freirían como una sardina, podría caer en un volcán y hacerme cenizas en segundos, correr con una hacha en la cabeza, tragarme una bomba y explotar, ser arrasado por un tren mientras estoy atado a la vía, llenarme el cuerpo de cepos al ritmo de plás, plás, plás, ser engullido por el mar y perseguido por un tiburón, corneado por un toro de afilados cuernos al que se le ve respirar como una cafetera, enterrado vivo, asfixiado por una anaconda, chafado por un yunque, perseguido por un correcaminos, molestado por una pantera rosa, podría comer jabalíes con los galos, tener la piel amarilla y el pelo azul, vivir en una ratonera huyendo de un gato, o ser un diminuto que duerme en una cómoda caja de cerillas, y cada nuevo capítulo estaría como si no me hubiera pasado nada en el anterior. Pero no lo soy. No soy un dibujo animado, así que cada pequeño movimiento sísmico en el corazón me deja una marca en la razón. Es curioso, pero la racionalidad es proporcional a las marcas del corazón. Así que a estas alturas seamos racionales, que no somos dibujos animados...


jueves, 21 de enero de 2010

Emociones

Sin darme cuenta han ido desapareciendo, como algo natural, algo que tenía que ocurrir. Increíble pero cierto. En unos pocos años se han extinguido, y nadie ha hecho nada por salvarlas. No ha habido manifestaciones por su recuperación, nadie ha hecho un grupo en el Facebook pidiendo su vuelta, desaparecieron y ya está, sin dramas ni llantos. Anoche me acordé de ellas. De todas ellas. Hice memoria y fui repasando una por una todas las que fueron importantes para mí. De muchas de ellas no me acuerdo, es imposible acordarme de todas. Así que tome la decisión de ir a verlas hoy. No sabía si las reconocería o no, y he pasado un día bastante nervioso. Después de comer he comprado un ramo de flores y he ido al Cementerio de las cabinas telefónicas. A la entrada hay un plano indicando cual es cada cabina y en que calle estaba situada. La primera que he encontrado ha sido la que estaba en el Parque Pignatelli. Quedaba entre casa y el cole. Siempre mirábamos si había alguna moneda olvidada. Allí jugábamos a ser estafadores. Metíamos una moneda de 25 pesetas con agujero, colgada de un hilo. En realidad no necesitábamos llamar a nadie pero nos gustaba hacerlo para sentir algo de emoción. Hoy tenía un aspecto deplorable. No la visita demasiada gente. He limpiado con un poco de agua y jabón los 2 cristales que todavía conserva. Ha sido emocionante verla. Después he visitado la cabina que estaba cerca de casa de mis padres. Era la cabina desde la que llamaba para no hacerlo desde casa y que toda la familia se enterara de mis conversaciones. La cabina de la adolescencia. Había que llenarse los bolsillos de monedas antes de llamar porque era muy fácil que se cortara la llamada. Normalmente la última frase era "se va a cortar y no llevo más monedas, te llamo mañana..." Esto me generaba una presión en el pecho, adolescente la presión por supuesto, al tener que colgar. He visto después la que estaba dos calles más allá de mi casa. Esa siempre se tragaba las monedas. Era una maldición. Y por más golpes que le dieras no caía nunca nada. Aun así conserva todos los cristales y las puertas acordeón se abren todavía perfectamente. Y así toda la tarde, de cabina en cabina, he visto en la que me resguardé una día de tormenta, en la que me escondí para que alguien no me viera con alguien, en la que lloré, en la que reí, en la que nos metimos cinco, en la que grité, en la que besé... Es verdad que ahora puedes hablar con el móvil en cualquier lado, andando o sentado, en la hierba, pero hay pocas cosas del pasado que me generen tantas emociones como una cabina de teléfonos.

lunes, 11 de enero de 2010

Tirar

Puedes tirar del carro, tirarte a la bartola, tirar de la manta, tirarte el rollo, tirarte al sol o a la sombra, tirar lastre, tirarte el moco, tirarte a las drogas, tirarte a la ola, tirar apretando los dientes, puede que se te tiren encima, tirar tomates, tirarte del puente, tirar de la ropa, tirarte a alguien, tirar arroz a los novios, tirar de la soga, tirarte en plancha, tirar de las orejas, tirar del bolso, tirar de agenda, tirar hacia adentro y hacia afuera, tirarte con los ojos cerrados, tirar del cuento, tirar del pomo de la puerta, tirar a la basura, tirar de la lengua, tirar al fuego, tirar calle abajo, tirar los dardos, tirar con lo justo, tirar sin fe, tirarte de los pelos, tirar a canasta, tirar de los ahorros, tirarte sin red, tirarte a sus brazos, tirarte en paracaídas, tirar por la borda, ir tirando, tirar todos los bolos, tirar del pelotón, tirarte con salvavidas, estar tirado, tirar al suelo, tirar con rabia, tirarte todo lo que se menea, tirar los dados, tirar para arriba, tirar muros, tirar las llaves desde la ventana, tirar un penalti, tirarle los trastos, tirar el vidrio al contenedor, y lo más difícil, tirarse a la piscina. Ella vende piscinas aunque ahora le da miedo tirarse a una. Una vez alguien le quitó el tapón al desagüe y se hizo mucho daño al caer en la suya. Él compraría una, con lazo y todo, pero tampoco se tiraría. También se hizo daño al caer una vez desde el trampolín. Así que, tira que te tira y llenos de tiritas, se tiran y se tiran... pero no a la piscina.
http://www.youtube.com/watch?v=EK1db1Z8uic&feature=related

domingo, 10 de enero de 2010

1X2

En las fronteras entre países centroamericanos los niños aprenden a escribir desde muy pequeños. No tiene nada que ver la escuela. Posiblemente ni aparecen por allí. Estos niños pequeños aprenden a escribir para rellenar los papeles de inmigración de los viajeros a cambio de una moneda. Si son muy pequeños te prestan un boli para que lo hagas tu mismo y se lo devuelvas después, con una moneda por supuesto. Te harán falta más monedas cuando entregues los papeles al policía de turno e intente cobrarte un impuesto inventado por pasar de un país a otro. Hay que tener mano izquierda para discutir esto, y por supuesto alguna moneda. Y alguna más para cuando suban las señoras al autobús en el que viajes a venderte mango, bananas, pollo con limón o refrescos.
En el bar dónde suelo desayunar los domingos, hay un tipo delgado que aparenta más años de los que realmente debe tener por su barba blanca. Siempre sentado en la barra, con un café en la taza, con un cigarro en una mano y con un boli en la otra. A su lado derecho tiene un montón de quinielas sin rellenar. Si quieres te rellena una. Se considera un especialista del tema. Todos los días se lee la prensa deportiva para saber todo lo que puede condicionar que un equipo gane o pierda. Antes de empezar, te pregunta de que equipo eres. Dice que no sería justo ganar una quiniela en la que hubieras puesto perdiendo a tu equipo. Por encima de todo lealtad, susurra el hacedor de quinielas mientras pone cruces en las casillas del 1x2. Y como los niños de las fronteras que te rellenan los papeles de inmigración, este hombre te llena de cruces un papel de tamaño parecido... a cambio de una moneda, por supuesto.
http://www.youtube.com/watch?v=cZUy8-zX67c&feature=related

domingo, 3 de enero de 2010

Charcos

Me gustan los días de lluvia, no tanto por la propia lluvia, ni por sacar de paseo el paraguas, ni por el caos que se forma en la ciudad, ni por la falta que hace que llueva. Me gustan los días de lluvia que traen noches de charcos. Por la noche, cuando ha llovido y se han formado charcos en las calles, la ciudad se refleja en el agua, las luces de las farolas, de los comercios y de las casas brillan reflejadas en los charcos. Las noches de lluvia la ciudad brilla más, los pasos de cebra y las rayas blancas de la calzada brillan con un blanco nuclear. Esas noches en que encuentro luz en el suelo en lugar de la suciedad del barrio donde vivo, esas noches juego a romper las imágenes de los charcos con mis pies. He roto mil veces el cielo reflejado, he destrozado la luna y las estrellas, he hecho caer edificios en grandes pedazos, he deformado mi cara en cualquier charco. Y de la misma manera que he roto todo eso, todo ha vuelto a su posición inicial. El espejo de los charcos es mágico, es como esas velas que aunque las soples siempre vuelven a encenderse. He reflejado tu imagen en un charco muchas veces con la única foto que tengo tuya, y la he roto en el espejo del agua, pero siempre vuelve a aparecer y me gusta. No me importa que llueva sobre mojado, aunque estoy deseando que lleguen días secos. Espero que algunas imágenes se evaporen del charco y se las lleve el viento, espero que ya no sea necesario desear que haya días de lluvia para tener noches de espejos mágicos.
http://www.youtube.com/watch?v=GO6UXeqqUIY&feature=related

jueves, 31 de diciembre de 2009

Carriles

El mundo del taxi, casi nada. Se podrían escribir y escribir historias de taxis (prometo hacerlo algún día), porque como siempre se ha dicho, los taxistas son los reyes de la ciudad. Paran donde quieren, van por donde quieren, y además la mayoría escucha la COPE. Casi nada. Pero hay otros reyes en la ciudad. Los reyes de las aceras. Sí, sí. Algunos caminan con las manos agarradas por la espalda a paso lento, observando hasta el más mínimo detalle que haga que lo que ven no sea igual a lo del día anterior. El agua que baja por el Ebro, el viento que sopla o no sopla, el contenedor de papel lleno... Otros son buenos formando grupos en las aceras. Sin darte cuenta han taponado la calle. Esto suelen hacerlo más las reinas que los reyes. Cuando forman estos tapones, además les da por gritar para contarse como están, todo lo que les duele y lo ricos que son sus nietos. Los reyes también forman grupos de opinión pero casi siempre al lado de alguna obra faraónica de esas que hay en las ciudades. Y por último están los reyes y reinas de las aceras que salen cada día a caminar a toda velocidad. Están muy bien entrenados, yo no podría seguirles el paso más de 10 minutos. En cualquier caso, ya sean de los primeros, de los que forman tapones o los que caminan a toda velocidad, todos tienen algo que los une (además de la edad), les encanta el color verde del carril bici. Algunos aun deben pensar que el carril bici es una acera para ellos, se sienten atraídos por ese color en el suelo y no hay quien los saque de ahí. Alguno incluso te dice sin apartarse cuando pasas, iieeeeeeeeeeuuuu que vas como un loco. Y no digo que no vaya como un loco, pero un loco en bicicleta por el carril bici pintando de verde. Así que deseando llegar a ser uno de esos reyes de las aceras, quiero pedirle al 2010 que el ayuntamiento construya carriles abuelos. Tendrá que ser de otro color, porque el verde, le pese a quien le pese, ya es para los locos de las bicicletas.
http://www.notodofilmfest.com/ediciones/09/?lg=es&corto=20332

domingo, 27 de diciembre de 2009

Colegas

Hay una cifra en mi perfil que dice 1000. Es el número de veces que alguien ha entrado a Mi refugio. De esas 1000 veces, unas 800 han sido cuando yo he entrado. Así que para celebrarlo le he buscado a este blog un colega. Se llama Parar el tiempo. Es mudo y manco... pero en cambio tiene unos ojos preciosos.
Os lo presento: http://atrapareltiempo.blogspot.com/

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Prisas

Estos días todo el mundo tiene prisa. Unos por tener todo lo necesario para la cena de Nochebuena, otros por los regalos y las sorpresas. De éstos hay más de uno que debe sufrir cada navidad porque no llega, tiene prisa. Mi hija tiene prisa por que lleguen los Reyes y también Papa Noel. El pobre Papa Noel no es mucho de nuestro gusto porque crecimos en una época en la que no existía en nuestras creencias fantásticas. Pero a los niños les gusta. A mi hija le gustan los Papa Noeles que la gente cuelga de los balcones y tiene prisa porque llegue y le deje un regalo. Otros tienen prisa para que pase cuanto antes la Navidad. Que se acabe cuanto antes. Prisa por escapar de lo incómodo, prisa por volver a algo más real. En estos días todo el mundo tiene prisa para que llegue pronto algo que todavía no ha ocurrido. Yo también tengo prisa. Pero la misma de siempre, la misma prisa de agosto o mayo. La prisa que siempre está conmigo, la que huye de lo que queda atrás. Como un fugitivo que se pasa la vida escapando, alerta. Así es mi prisa. Estos días me he propuesto cambiar mi prisa por alguna más navideña que, aunque es mas cara, es una prisa que no cansa tanto. Me merezco un descanso.

dice Calamaro que
... el amor es igual que un imperdible
perdido en la solapa del azar...
(pues eso... está todo dicho)
http://www.youtube.com/watch?v=7fW0DtB_yRE&feature=related

martes, 22 de diciembre de 2009

Belenes

Hasta hace tres años conservaba el Belén con el que crecí y jugué todas las navidades, con su portal, sus animalicos, su río y su puente, su molino y sus personajes variados. Pero desaparecieron. Al principio pensé que habría perdido la vieja bolsa del Corte Inglés donde lo guardaba en algún traslado, pero no. El otro día encontré una nota en el armario dónde me lo explicaban todo. La dejaron el día en que se fueron todos y yo todavía no la había visto. Estaban cansados de lo mismo y se fueron cada uno por su lado. José, según decía la nota, quería prepararse unas oposiciones y viajar a conocer el mar. María se hartó de ser virgen, y mucho más cuando ella no lo había elegido, así que lo primero que quería hacer nada más salir a su nueva vida era ir a planificación familiar para que le explicaran unas cuantas cosas. Jesús, con cierto síndrome de Peter Pan, estaba deseando crecer y ser futbolista, como Cristiano (Ronaldo claro). La guapa molinera estaba interesada en ser promotora de Tuper-Sex y tenía algún plan para irse a vivir con uno de los pastores que había encontrado trabajo como camarero en un bar del Tubo. Melchor y Gaspar ya tenían los billetes de autobús para irse una temporada larga a Benidorm como cualquier jubilado. En mis juegos infantiles con el Belén jamás introduje elementos extraños como dinosaurios o los muñequitos de indios y vaqueros que tenía, así que el rebaño de ovejas y las dos cabras no tenían muchos motivos para irse, pero también se fueron. Y no quedó nadie... ni nada. Se llevaron el portal, las palmeras y hasta el musgo de mentira. Tal vez un día, cuando José ya haya visto el mar, María tenga un novio y Jesús juegue en el Madrid o en el Barca, vengan unas navidades de visita y nos tomemos unos trozos de turrón de chocolate y cantemos unos villancicos para celebrarlo.
http://www.youtube.com/watch?v=FTTIc_XHNrA

domingo, 20 de diciembre de 2009

Caja fuerte

En mi rellano somos dos vecinos, el de al lado y yo. Él también vive solo, es un poco más mayor y con mucho menos pelo que yo. Apenas nos vemos ni nos oímos, no tenemos una relación de vecinos, ni nos pedimos favores ni nos metemos en la vida del otro. Aun así me parece simpático. Normalmente siempre nos molesta algo de los vecinos, el ruido que hacen por la noche, si fuman en el ascensor, si gritan mucho o si tienden la ropa sin centrifugar y te mojan la colada casi seca del tendedero. Mi vecino (no se como se llama) tiene una particularidad, no hay nada que me moleste de él, pero vive en una caja fuerte. En la puerta, al lado del timbre, tiene un aparato con los números del 0 al 9, y para meter la llave en la cerradura y abrir su puerta, antes tiene que introducir un código como para abrir una caja fuerte. Nunca he visto el interior de su casa, pero me la imagino diferente. Imagino su cama como un gran fajo de billetes de 500 euros, la mesa del comedor con la forma de un enorme diamante tallado y el sofá hecho con importantes y secretos papeles. En lugar de cuadros tiene colgados de las paredes sellos muy antiguos y valiosos, y en lugar de platos, monedas romanas donde puedes ver la cara de algún emperador si te terminas toda la sopa de letras, letras del tesoro claro. Mi vecino es como un muñeco de Playmobil en una caja fuerte y que cuando sale al rellano para para meter su código secreto antes de cerrar con llave y llamar al ascensor, se convierte en una persona normal... pero llena de secretos.
http://www.youtube.com/watch?v=c9LcnRmih0c&feature=related

viernes, 18 de diciembre de 2009

Embargo

El lunes hará cuatro años que se presentó de sorpresa, así sin avisar. Llamó a la puerta y entró. Si lo sé no le hubiera dejado pasar, pero ese sombrero alto y el traje negro me dejaron mudo ante su ¿puedo pasar? No me dio tiempo a contestar y ya lo tenía sentado en el sofá. La cosa es grave, me dijo mientras me daba su tarjeta de visita. Embargos y otros desagradables hechos, decía en letra Times New Roman. ¿Cómo dice?, si no he dejado de pagar ni una sola letra de la hipoteca. Repentinamente se puso de pie y mientras observaba los libros y fotos de la estantería me explicó lo del embargo. Vengo a embargarle la sonrisa, el amor, la paz, la familia, la felicidad y el sueño. La casa puede quedársela, con el jardín y las dos plazas de garaje. En unos minutos se hará efectivo el embargo, me dijo mientras salía por la misma puerta por la que se había colado. Y así fue. En unos minutos llegó Ella a casa y todo se hizo efectivo. Lo malo de estos embargos es que no te mandan cartas avisándote de la situación, de repente lo pierdes todo.
En estos cuatro años he tenido que trabajar mucho para ir recuperando todo lo embargado. Quizás el sueño fue lo primero que conseguí y del resto no puedo decir que lo haya logrado del todo. A veces me acuerdo de aquel tipo que se coló en mi casa y me dan ganas de chafarle el sombrero con una piedra... y otras de invitarle a tomar una caña, porque en el fondo creo que la sonrisa que tengo ahora es mas verdadera que la de hace cuatro años.
http://www.youtube.com/watch?v=tRSsJHvw9ZY

lunes, 7 de diciembre de 2009

Teorías

Desde que una amiga le dijo una vez "la vida es compensatoria", dedicaba todo su tiempo libre a demostrar esa teoría. Estuvo absolutamente convencido de que en la vida pasan cosas buenas y cosas malas a partes iguales, cosas regulares o cosas algo buenas al 50 %, unas veces cosas horribles y otra mitad de veces cosas excepcionalmente maravillosas. Había llenado cuadernos con anotaciones sobre todo lo que le pasaba, con sus correspondientes valoraciones sobre bueno o malo, alegre o triste, fácil o difícil. También había elaborado gráficas y sacado porcentajes que demostraban esa teoría de que la vida es compensatoria, de que pasan por igual cosas buenas y malas, aunque de las buenas normalmente no somos conscientes porqué es "normal que pasen". El problema fue que mi amigo convencido de esta teoría, empezó a temer que le pasaran cosas buenas porque a continuación (y según la teoría de la vida compensatoria) le pasarían cosas malas. Después de algo maravilloso vendrían cosas horribles. Así que decidió que lo mejor sería huir de todo aquello que aunque ahora le hiciera feliz, al cabo del tiempo le haría infeliz. Se perdió el amor por no vivir el desamor, se perdió muchas risas por no llorar después, se perdió... Y ahí sigue, perdido, casi paralizado por una teoría que quiso creer y que le desdibuja la vida por no atreverse a vivirla.
http://www.youtube.com/watch?v=LeQ9RsL8sTg&feature=related